domingo, 9 de agosto de 2009

Adriana, una devotense de nacimiento

La cantante preferida de los más pequeños rememora su infancia

Adriana Szusterman es reconocida por ser un referente para los niños más chiquitos. En todos los jardines de infantes se cantan sus canciones. Y con la sola difusión del boca a boca, sus espectáculos son puro éxito. Sin embargo, hay una característica de esta mujer simpática, transparente y con claras convicciones que no trascendió: Ella es devotense de nacimiento.
La casa de su infancia se ubica en Concordia y Nueva York, esas calles del barrio que aún añora: “Era de jugar en la vereda con un grupo de amigos. Andaba mucho en bici y hacía collares de mostacilla que vendía en la puerta de casa”, confiesa Adriana en una amena charla con Devoto Magazine.
Atesora momentos que recuerda “como si fuese hoy”, de su paso por el Instituto Evangélico Americano de Villa del Parque, donde cursó hasta finalizar la primaria. Y del secundario en el Nacional 19 de Villa Devoto, colegio que eligieron sus padres por la recomendación en cuanto a su calidad académica. Adriana tomó lo mejor de sus docentes para su propia formación: “Me acuerdo de Nieves, mi maestra de jardín. Ya de chiquita sabía que quería ser jardinera como ella. Del Nacional 19 el profesor Conti era lo más, un docente cariñoso y divertido”.
Podría decirse, parafraseando a Eduardo Galeano, que Adriana es un fueguito que brilla con luz propia. Pero esa luminosidad se fue manifestando de a poco, hasta alumbrar con todo. Desde chica notaba que tenía una fuerza especial, afirma: “me pasaba algo particular con la voz que me conectaba con el otro”. Pero nunca imaginó la dimensión del fenómeno: Adriana creó un mundo propio que emociona tanto a chicos como a adultos.
Marcada por la historia de su padre, a quien dice “le cortaron las alas y no pudo seguir su carrera de pianista”. Adriana no dudó en abandonar la carrera Ciencias de la Educación, para responder a su pálpito. “El único que va a decidir tu camino sos vos, pensé. Dejé la universidad y me fui a trabajar al Teatro La Galera con la dirección de Héctor Presa. Ahí estuve 7 años como actriz”.
En sus primeros discos Adriana mantuvo un rotundo anonimato. Todo empezó por el pedido de la mamá de uno de sus alumnitos del Jardín Amapola, que le pidió que le grabe en un casete las canciones que el hijo se pasaba cantando. “Era una maestra común y corriente que quería hacer un disco porque sentía que la música para niños estaba chata, era muy simple. Un papá me contactó con una discográfica. Así armamos el estudio en el jardín, cantaron los cien chicos y las maestras”.
Algo inusual pasó a partir de “Cantando en Amapola”. Para ese entonces, la pronta artista de los pequeños, animaba fiestas infantiles. “Me encontraba en el cumpleaños del hijo de Marcelo Tinelli. Y me dice; ¿vos hiciste esto?, porque hay un productor que quiere verte. Se vendieron 200 mil discos. Y me propusieron un tercer disco”. Sin pensar el éxito posterior, pero con ganas de darse a conocer inició “Cantando con Adriana”.
Cada una de sus funciones colma el teatro de niños, chupetes, diversión y aprendizaje. Hasta se dio el lujo de cumplir el sueño de su padre, con quien comparte el escenario, en un momento muy emotivo del show. “Mi viejo esta enloquecido con todo esto. Toca el piano en un tema”.
¿Quién dijo que Adriana se fue de Villa Devoto? Ella siempre vuelve. “Extraño la paz de barrio, caminar por sus callecitas, el sonido de los pájaros, el olor, los árboles. Los bailes de la Friulana. Las rateadas en el placard del 19. Guardo esos instantes en mi memoria. Como la costumbre familiar de ir a comer a “La Aldea” y a “El bar alemán””. Este 25 de noviembre, retorna al barrio de su infancia para cantar en el homenaje a la calesita de Tito.

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